En un mundo donde los algoritmos pueden generar miles de diseños en cuestión de segundos, Daniel Roseberry decidió responder de la manera más espectacular posible. No con una presentación de nuevas tecnologías, sino con una exhibición de la imaginación humana. La colección Schiaparelli haute couture para la temporada Otoño/Invierno 2026/2027, titulada «The Abyss», que inauguró la Semana de la Alta Costura de París, no fue solo un desfile de moda. Fue un manifiesto. Una pregunta sobre el futuro de la creatividad. Y un recordatorio de que la alta costura sigue siendo el último bastión de aquello que no se puede programar.
La alta costura como respuesta a la era de la IA
Roseberry no ocultó su inspiración en la contemporaneidad. Él mismo admitió que cada vez con más frecuencia se encuentra con portafolios de jóvenes diseñadores en los que es difícil distinguir el talento de las capacidades de la inteligencia artificial. Sin embargo, en lugar de luchar contra la tecnología, decidió demostrar que existe un espacio al que la IA aún no tiene acceso: las emociones, la intuición, el azar y la destreza de las manos humanas.
Por eso, en la pasarela aparecieron creaciones que parecían organismos del futuro. Chaquetas de látex con tentáculos inflables, corsés de silicona que recordaban tejido vivo, vestidos que pulsaban con luz y detalles anatómicos daban la impresión de que el cuerpo humano estaba atravesando una nueva fase de evolución. Los críticos coincidieron en que la colección no intentaba ser bella en el sentido clásico. Su objetivo era inquietar, fascinar y provocar la reflexión.
De pulmones de oro a branquias de silicona
Daniel Roseberry lleva varias temporadas construyendo de manera coherente su propio lenguaje para Schiaparelli. Hace apenas unos años, el mundo se maravillaba con los monumentales collares dorados, la joyería surrealista y los característicos detalles anatómicos. Luego llegaron las colecciones inspiradas en la astronomía, la mitología y la escultura, que convirtieron a la casa de moda en una de las favoritas de las alfombras rojas.



Otoño/Invierno 2025/2026 muchos críticos consideraron un momento decisivo: una colección en la que Roseberry combinó a la perfección la sastrería clásica con la ilusión óptica y referencias surrealistas. El propio diseñador admitió más tarde que le parecía haber encontrado la receta perfecta para Schiaparelli. Paradójicamente, fue precisamente por eso que decidió abandonarla por completo.
La nueva colección no desarrolla la anterior. Da un giro radical. En lugar del elegante surrealismo, propone mutaciones biológicas, piel artificial, silicona, escamas de pez, conchas y materiales que evocan más un laboratorio que un atelier en la Place Vendôme.
¿La casa de moda más artística? Cada vez hay más indicios de que sí
Desde que asumió el cargo de director creativo en 2019, Daniel Roseberry no intenta copiar a Elsa Schiaparelli. Continúa su forma de pensar.
La fundadora de la casa de moda colaboró con Salvador Dalí, Jean Cocteau y Leonor Fini. Creaba vestidos con langostas, sombreros que recordaban a zapatos y colecciones inspiradas en el surrealismo mucho antes de que la moda comenzara a tratar la pasarela como una galería de arte. El Schiaparelli actual sigue siendo fiel a esta filosofía: la moda no debe ser solo un producto de lujo, sino un comentario artístico sobre la realidad. En este sentido, el desfile de este año fue excepcionalmente fiel al ADN de la marca. En lugar de nostalgia, surgió la pregunta sobre la humanidad en la era de los algoritmos.
No es moda para llevar. Es moda para recordar
A diferencia de muchas casas de moda que cada vez más diseñan pensando en las redes sociales y la alfombra roja, Schiaparelli sigue tratando la alta costura como un laboratorio de ideas. La mayoría de los looks presentados nunca se pondrán a la venta en su forma original. Constituyen un punto de partida para pedidos personalizados y una demostración de las capacidades del atelier.
Es por eso que cada temporada de Schiaparelli genera un debate que va mucho más allá de la moda. Se habla de escultura, biología, anatomía, inteligencia artificial, psicología o la cultura visual contemporánea. Pocas marcas hoy en día logran convertir un desfile de moda en un acontecimiento intelectual con la misma eficacia.
En el contexto de toda la semana de la alta costura, Schiaparelli volvió a marcar la dirección
Aunque durante la Semana de la Alta Costura de París también impresionaron los debuts de Pierpaolo Piccioli para Balenciaga, las propuestas románticas de Dior o los experimentos de Iris van Herpen con materiales modernos, fue Schiaparelli quien volvió a abrir el debate sobre los límites de la alta costura contemporánea. Los críticos señalaban que toda la temporada se centró en la artesanía, los materiales innovadores y la redefinición del cuerpo humano, pero fue Roseberry quien logró combinar todos estos temas en una narrativa coherente.
Moda que no busca aprobación
Quizás la mayor fortaleza de Schiaparelli hoy en día sea el coraje. En una época en la que el lujo se somete cada vez más a las ventas y a las tendencias virales, esta casa de moda sigue permitiéndose experimentar. No intenta agradar a todos. No diseña para los algoritmos.

Y es precisamente por eso que sigue siendo una de las casas de moda más fascinantes, más artísticas y más impredecibles del mundo contemporáneo. Elsa Schiaparelli creía que la moda debía sorprender más que la realidad. Daniel Roseberry demuestra que, casi cien años después, esta idea está más vigente que nunca.

