Los Giardini y el Arsenale de Venecia abrirán sus puertas el 9 de mayo de 2026 para la exposición de arte contemporáneo más antigua y prestigiosa. La 61.ª Bienal se celebrará hasta el 22 de noviembre (preapertura: del 6 al 8 de mayo), es decir, 198 días de selecciones curatoriales, pabellones nacionales y eventos paralelos repartidos por toda la ciudad.
Esta vez, el guion fue escrito por Koyo Kouoh (1967-2025), curadora camerunesa-suiza, la primera africana en ocupar este cargo. La exposición se llevó a cabo según su concepto tras su fallecimiento en enero de 2025. Durante años, Kouoh se preguntaba por qué la cultura suena tan fuerte, cuando las cosas más interesantes suceden en silencio.
¿Por qué «moll» en 2026?
La frase In Minor Keys es una metáfora. Se refiere a la tonalidad menor: melancolía, recogimiento, escucha atenta en lugar de “orchestral bombast”. En tiempos en los que cada mensaje grita, Kouoh propone bajar el volumen del receptor. Su exposición apuesta por formas íntimas, relatos inacabados, gestos apenas perceptibles.
Suena como un contraste con lo que se espera de la bienal. Y quizás por eso mismo vale la pena ir.

Visión curatorial y experiencia de la visita
«In Minor Keys» es un título que de inmediato marca el tono de toda la exposición. Adriano Pedrosa invita a un mundo de frecuencias silenciosas e introspectivas: melancolía, blues, morna, susurro, consuelo y esperanza. Es una renuncia consciente al «orchestral bombast», al espectáculo que ha dominado muchas de las últimas bienales. Se trata de desacelerar, de escuchar lo sutil.

Temas: de templos a oasis
La exposición se desarrolla en torno a cinco temas principales:
- Santuarios (Sala Chini): un homenaje a artistas como Issa Samb o Beverly Buchanan, lugares de memoria y contemplación
- Procesiones – procesiones afroatlánticas, eco de la legendaria «Poetry Caravan» de 1999
- Escuelas – ecosistemas artísticos, como blaxTARLINES KUMASI o G.A.S. Foundation, comunidades de aprendizaje
- Descanso/Oasis – jardines criollos, pausas sensoriales, espacios de respiro
- Performances (06.-11.05.2026) – el cuerpo como portador de la memoria y la resistencia

Cómo es la exposición: umbrales, índigo y «komorebi»
La escenografía fue diseñada por Wolff Architects de Ciudad del Cabo. Predomina el color índigo, con umbrales que funcionan como portales entre los espacios. La identidad visual creada por Clarissa Herbst y Alex Sonderegger gira en torno al concepto de «komorebi» ( palabra japonesa que describe la luz filtrada a través de las hojas). Un catálogo en dos volúmenes complementa el conjunto, y los organizadores declaran su compromiso con la neutralidad de carbono.
el tiempo no es propiedad corporativa ni está a merced de una productividad implacablemente acelerada
Esta exposición es una propuesta para un ritmo diferente. Más silencioso.
Quién y cómo participa
La exposición principal reunió a unos 111 participantes y, en total, 99 países estuvieron presentes en Venecia, complementados por 31 eventos paralelos. Es una escala considerable, pero ¿qué es aún más interesante? Siete países debutaron: Guinea, Guinea Ecuatorial, Nauru, Catar, Sierra Leona, Somalia y Vietnam. Seychelles se unió el 4 de mayo de 2026, durante el transcurso de la bienal.

Adriano Pedrosa apostó claramente por las resonancias más allá de la nacionalidad. En la exposición principal no hubo artistas italianos, lo que causó cierta sorpresa, pero el comisario lo explicó como un deseo de mostrar voces de la periferia. Entre los invitados se encontraban tanto nombres reconocidos (Laurie Anderson, Nick Cave, Wangechi Mutu), como colectivos como blaxTARLINES KUMASI, Denniston Hill o G.A.S. Foundation. La presencia de Linda Goode Bryant y Torkwase Dyson subrayó la diversidad de prácticas, desde medios tradicionales hasta instalaciones espaciales.
Silencio del solsticio: qué queda después de salir de la exposición
La exposición veneciana deja tras de sí algo parecido al silencio que sigue a una conversación acalorada. No es tanto un eco vacío, sino un espacio para reflexionar, que llega solo más tarde. Estos «tonos silenciosos» resultan ser más duraderos que los manifiestos estruendosos, porque actúan de forma más lenta, profunda, sin la presión de una comprensión inmediata.

Quizás de eso se trataba para los comisarios: no intentar ahogar el mundo, sino darle un momento para respirar. En tiempos en los que todo compite por la atención, con el silencio se puede decir más. Y esa lección permanece, incluso cuando dejas los pabellones venecianos y regresas a tu propio ruido.
LARA
Periodista Premium

