En un mundo donde tocamos pantallas más a menudo que a otras personas, el contacto físico adquiere un valor excepcional. Alivia tensiones, calma la mente, devuelve la sensación de cercanía, tranquilidad y seguridad: todo aquello de lo que el estilo de vida moderno nos priva más dolorosamente y que ningún dispositivo puede reemplazar.

En una era en la que las relaciones se trasladan cada vez más al espacio virtual y el contacto directo con otras personas es reemplazado por la comunicación online, la necesidad de cercanía física sigue creciendo. El tacto es uno de los lenguajes más primitivos de nuestro cuerpo: nos acompaña desde los primeros momentos de la vida y sigue siendo importante sin importar la edad o el estilo de vida que llevemos. Los receptores en la piel envían señales al cerebro, reduciendo los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y, al mismo tiempo, estimulando la liberación de oxitocina y dopamina, responsables de la sensación de calma, placer y equilibrio interior.
EL PODER DEL CONTACTO
El tacto tiene un poder beneficioso que desde hace siglos sana, conecta y alivia. Hoy staje się un remedio contra el estrés: un puente entre el cuerpo, que recuerda, y la mente, que corre demasiado rápido. Es la forma más natural de restaurar la salud, las relaciones y la sensación de estar realmente “aquí y ahora”. El tacto construye cercanía en una relación romántica, en los vínculos con los hijos, padres y amigos. También es una forma de ternura hacia uno mismo.
Gestos sencillos como tomar la mano, abrazar o acariciar pueden mejorar notablemente el estado de ánimo. Incluso masajear suavemente y con atención una loción en el cuerpo puede darnos una sensación de calidez y cuidado. También animo a utilizar regularmente terapias manuales y masajes: el trabajo corporal, especialmente cuando estamos sobrecargados, estresados, vivimos en tensión o sentimos dolor, mejora no solo el bienestar, sino también la homeostasis, esencial para el buen funcionamiento del organismo – explica Małgorzata Przydacka, Manager del Biowital SPA del hotel Manor House.

El tacto calma, relaja y nos hace sentir más tranquilos, además de fortalecer nuestra sensación de seguridad. Numerosos estudios confirman que el trabajo manual regular con el cuerpo mejora la inmunidad, reduce la presión arterial, disminuye el dolor y apoya el tratamiento de la depresión, los trastornos alimentarios o el estrés crónico. La falta de contacto físico, la limitación de gestos espontáneos y el debilitamiento de la cercanía interpersonal han hecho que muchas personas experimenten el llamado «hambre de tacto», que se manifiesta en irritabilidad, bajón de ánimo, insomnio y aumento de la tensión muscular. En tales situaciones, el masaje se convierte no solo en un tratamiento placentero, sino en una forma real de terapia que apoya la salud.
MASAJES Y TERAPIAS MANUALES
En el Centro Polaco de Biovitalidad Manor House, los terapeutas del Biovital SPA trabajan basándose en una filosofía holística, cuidando integralmente el bienestar de los Huéspedes. Recomiendan los masajes energéticos, que armonizan el organismo tanto a nivel físico como emocional y activan los mecanismos naturales de autorreparación. Los masajes relajantes también ofrecen numerosos beneficios: relajan profundamente, reducen la ansiedad y el estrés, alivian la tensión muscular, disminuyen la fatiga, mejoran la calidad del sueño y devuelven al cuerpo ligereza y energía. Los masajes linfáticos también son populares, ya que estimulan el flujo linfático, reduciendo así la hinchazón y la celulitis, mejoran la circulación, el metabolismo y la inmunidad. Los masajes clásicos de todo el cuerpo o de zonas seleccionadas, los tratamientos terapéuticos para la columna vertebral y los métodos propios de trabajo con tensiones paravertebrales también tienen sus adeptos, especialmente valorados por quienes trabajan en oficinas y pasan muchas horas frente al ordenador.
Uno de los métodos de contacto más sensuales y relajanes es el ritual hawaiano Lomi Lomi, que actúa de manera holística: no solo relaja los músculos, sino que también calma sutilmente el cuerpo estresado, tranquiliza el sistema nervioso, libera bloqueos energéticos, ayuda a soltar tensiones emocionales y recuperar la paz interior. Por su parte, el masaje kobido es una excelente manera de reducir la tensión muscular y disminuir la hinchazón facial; además, alisa las arrugas, mejora la circulación y el estado general de la piel. Este masaje japonés, conocido a menudo como el “lifting facial no quirúrgico”, combina técnicas profundas de trabajo con los tejidos, movimientos rápidos y rítmicos, acupresión y elementos de drenaje, logrando así efectos estéticos, saludables y relajantes al mismo tiempo. En los masajes se utilizan aceites aromáticos, piedras semipreciosas, ventosas chinas, klawiki, cuencos y diapasones, cuyas vibraciones potencian el efecto de los tratamientos.

Soy una gran defensora de la, que activa los procesos naturales de autorregulación y autocuración del cuerpo, además de influir profundamente en el sistema nervioso. La presión sobre los receptores adecuados estimula el funcionamiento de los órganos, reduce tensiones, disminuye el estrés e incluso alivia molestias dolorosas. – dice Małgorzata Przydacka, quien también es reflexóloga titulada. – Antes del tratamiento, conviene reflexionar sobre lo que necesitamos: un masaje más intenso y enérgico, que – si no recurrimos a masajes con regularidad – puede provocar una leve fatiga muscular, o más bien un toque sutil y agradable, que nos proporcione una profunda relajación. – aconseja la experta.

EL CONTACTO, TAN NECESARIO HOY
El contacto físico se vuelve hoy más necesario que nunca, porque vivimos en una era de paradojas: estamos constantemente “conectados”, pero cada vez menos realmente presentes. Lo digital ha dominado las relaciones, el trabajo se ha trasladado a las pantallas y el contacto diario con otras personas se ha reducido a gestos simbólicos. Nos falta la cercanía física, que hasta hace poco era una parte natural de la vida: un apretón de manos, un abrazo espontáneo, un toque que dice más que el mensaje más largo.
El mundo contemporáneo nos mantiene constantemente en estado de alerta. El exceso de estímulos, el ritmo acelerado y el estrés crónico hacen que el sistema nervioso funcione al límite de sus capacidades. En este entorno, el tacto actúa como un “freno de emergencia” biológico: calma, arraiga y devuelve la sensación de realidad. No es solo un placer, sino una necesidad fisiológica de equilibrio que hoy en día está gravemente alterada. Cada contacto consciente y cada masaje manual se convierte en un momento de regreso a uno mismo: de calma, fortalecimiento y regeneración.
Más información: www.manorhouse.pl


